domingo, enero 20, 2013

REALIDADES MÉDICAS



Sin Temor…   Ni Favor…



Realidades Médicas
 Luis H. Arthur S.
A pesar de que la medicina como ahora se practica ha ido perdiendo el control de la globalidad de las personas por tantas especialidades, que tienden a trabajar como islas, a dilatar el tratamiento y a veces a complicarlo además de encarecerlo, el resultado, ha sido indiscutiblemente bueno en mejorar la salubridad pública y alargar la vida de las personas.
A la par de muchos grandes éxitos, también se han desarrollados conjuntamente grandes fracasos.  El cáncer es quizás uno de los más notorios.  Es indudable que mientras más hablan de él, más se dice que la ciencia investiga y pasan los años, más gente muere de esta enfermedad, y ante ese hecho cierto ya se ha enraizado en la mente colectiva como una sentencia que en el futuro se nos desarrollará, que además es incurable y se nos regará rápidamente por todo el cuerpo.
Posiblemente esta es la reacción creciente que se nos afianza con lo de los amigos y familiares y lo que leemos en las estadísticas, en los periódicos y noticieros.
¿Supiste que a fulano le descubrieron un cáncer y le dan dos meses de vida?  ¿Te enteraste que fulano se murió de un cáncer que se lo llevó en un mes?
En nuestras creencias fijamos que quien sufre un cáncer, en su gran mayoría está condenado a sufrir mucho, a gastar una inmensa cantidad de dinero y a consumirse eventualmente entre penas y dolores y morir irremisiblemente mejor rápido que en triste y larga agonía.  Por algo le llaman enfermedad catastrófica.  El Presidente Chávez es un triste ejemplo que estamos viviendo actualmente donde el dinero no es la clave ni la sanación ni el acortamiento del sufrimiento.
La cura actual del cáncer, como todos la entendemos y como dice el Dr. Español Alberto Martí Bosch, entre otros muchos médicos que protestan por la forma que los laboratorios y los médicos en su gran mayoría enfrentan este gravísimo problema, que a algunos les resulta indirectamente de gran negocio, se viene combatiendo por métodos terribles y arcaicos: quema (radioterapia), envenenamiento (quimioterapia) y cortándole al cabeza (cirugía). 
Ningún otro tratamiento moderno o novedoso, ni siquiera eficaz se ha desarrollado.  Mientras, todos vivimos asustados y esperando, y hasta cuando nos preguntan cómo estamos, sacamos la inquietud que tenemos dentro al decir: “Por fuera bien, quien sabe por dentro” o “quién sabe si la procesión viene por dentro”.  Total que luce ser un determinismo ineludible ante la incapacidad, que nos iremos de este mundo con todas sus secuelas, secos como jaguas o caimitos, endrogados con calmantes, e inyecciones de estupefacientes para que el dolor se aminore, que también ralentizan nuestro ser, nuestra vida. Como conejillos de indias y hasta llegamos a desear la muerte para descansar y liberarnos de tantos padecimientos sin esperanzas, y liberar a nuestros familiares del endeudamiento e hipoteca si es que no cuentan con un buen seguro o dinero.
Dicen entonces que tenemos una “depresión” y nos dan también medicamentos aunque ya hay tiempo de ponernos en manos de un siquiatra, para que nos convenza que debemos morirnos entre tantos sufrimientos, felices, animosos y contentos.
Lo trágico de esta enfermedad y algunas otras, es la actitud de la mayoría de los médicos, pues la de los laboratorios se entiende en dinero, mucho dinero, que podría escapárseles si aceptaran alguna nueva idea prometedora, alguna nueva teoría para investigar y determinar si tiene algún merito.  No, estos médicos están aferrados, ciclados en lo que muchos años atrás aprendieron en la universidad como si fueran verdades absolutas, y no se muestran preocupados y dolidos porque a ellos se les están muriendo sus pacientes lo que es un fracaso en su profesión, y esta realidad va cada día en triste aumento.  Claro, todos tenemos que morirnos pero lo más saludables posibles, esa es su misión y para eso estudiaron.  Cierran sus mentes y universalidad, a toda esperanza, rechazan lo que no conocen sin investigar y se aferran a procedimientos que claramente están fracasando, como si esto fuera un determinismo divino.
Cuando les digo a mis amigos queridos, médicos prestigiosos y viejos sobre este tema, me dicen dos cosas principalmente:
-Que internet no es creíble, no es científico y que cada uno ahí pone lo que se le ocurra.  Les digo que es cierto, pero que es igual que toda biblioteca o librería o la vida misma.  Hay que saber escoger y saber descartar, que para eso nos capacitamos con tantos años de estudios, más que el 95% de la población mundial.  No para ser simples seguidores de otros a quienes le creemos todo lo que dicen aun se vean que son fracasos, muchas veces vil comercio, donde el ser no importa.
-Que muchas de estas medicinas llamadas milagrosas por la medicina alternativa son patrañas, mentiras, engaños, pero que otras no, y lo que pasa es que como le quitan el gran negocio a algunos, los amenazan hasta con quitarle la licencia de ejercer (exequátur).  Que el avance y el progreso vienen de que algunos entienden que las cosas, todas, se pueden mejorar,  Investigan y a veces tienen que recorrer caminos espinosos.  Les añado que en estos tiempos del dios Dinero, hasta las más señeras instituciones están coludidas aunque sea parcialmente, sino como se entiende que se tengan que retirar tantas medicinas por efectos secundarios catastróficos…