sábado, diciembre 16, 2006

SER PRESIDENTE

Columna
Sin temor ni favor
Por Luis H. Arthur S. / El Caribe
Sabado 16 de diciembre del 2006 actualizado el viernes 15 de diciembre del 2006 a las 10:38 PM

HERRAMIENTAS
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Ser presidenteBalaguer le llamaba la Silla de Alfileres. Hipólito decía que le estaba gustando el carguito y violando sus promesas, quiso seguir en el poder. León(él) no bien anda a mitad del camino cuando ya está en campaña para quedarse y dice que “el león volverá a rugir”.
¿Qué será lo que tiene ese cargo, que nadie quiere dejarlo aunque dicen que es tan demandante y sacrificado?
En contraposición, nadie quiere ser presidente del condominio donde vive. El encontrar quien quiera serlo de una asociación es toda una tarea. Ni decir si es una sociedad sin fines de lucro para ayudar a otros. Todos le sacan el cuerpo y le huyen como el diablo a la cruz.
Tiene uno que pensar que la diferencia está en el poder, en sentirse semidioses y en el dinero, que en nuestros países desordenados, se gasta a su discreción y ventaja.
Balaguer decía que la corrupción se detenía en la puerta de su despacho, en esa declaración confesaba que había corrupción, pero no la combatía. Fue un presidente que prefería el poder al dinero.
Otros, han buscado el poder para disfrutarlo, subir y además hacer mucho dinero. Si a ellos y a los políticos de turno se les aplicara la ley de impuesto sobre la renta, de justificación del patrimonio, encontraríamos que la mayoría no tendría como hacerlo.

Cómo haber pasado de una casita humilde en un barrio de clase media baja, a una mansión que golpea la sensibilidad de un pueblo cada vez más pobre y en vías de un colapso, Cómo cambiaron su viejo cepillo Volkswagen a vehículos de lujo y del año, en base a un sueldo. A eso se llama enriquecimiento inexplicable.
Ese notorio cambio de posición económica, que trata de no dejar huellas, es lo que mortifica a algunos, que violando la ley no presentan su declaración patrimonial al asumir el cargo, como ha sido notorio en políticos y en los legisladores de todos los partidos. Tampoco hay mecanismo para verificar si sus declaraciones son fieles o futuristas.
Van al poder para salir poderosos. Gobernar es el menor de sus objetivos. Quieren llegar y mantenerse, no por amor al pueblo, sino por amor(zar), como dice Corporán.
Mientras, nuestro país navega sin metas a la deriva en pos de un sueño que no llega y unas ofertas olvidadas.

Luis@Arthur.net